Había una vez, en una ciudad llamada Córdoba, una niña. Una niña preciosa y buena como ella sola. Orgulloso digo que es mi hermana. Es mi niña y la quiero y la adoro. No procuro parecer un poeta escribiendo y me da igual si la manera de expresarme escribiendo es muy básica o burda. Me la sopla. Voy a expresarme y voy a hacerlo a mi manera.
Estaba hablando de mi niña y lo último que había dicho de ella es que la quiero y que la adoro. No me canso ni me cansaré de decirlo. No he conocido a nadie como ella. Y, como de costumbre, agradezco a Dios por haberme dado la oportunidad de haber compartido con ella todos los momentos que hemos vivido juntos. Son momentos que nos han permitido disfrutar y, sobre todo, aprender. Aprender de nuestros errores y aprender el uno del otro.
Hemos pasado momentos malos pero poco a poco los vamos superando, porque para eso están los hermanos, para apoyarse en los malos momentos ya sea uno a otro o mutuamente.
Como estoy seguro de que leerá esto, quiero enviarle un mensaje:
"Hermana, te quiero. Te quiero mucho. Me vas a tener para lo que tú quieras, necesites o se te antoje. Ésto no es nuevo ya lo sabes. Pero para recalcar lo que digo quiero que sepas que siempre voy a estar ahí:
- Si te pones mala, voy a estar ahí.
- Si te hacen algo, voy a estar ahí.
- Si necesitas desahogarte, voy a estar ahí.
- Si necesitas un abrazo, voy a estar ahí.
- Si quieres que esté presente en tus momentos de disfrute, voy a estar ahí.
- Siempre, voy a estar ahí.
Eres de lo mejor que me ha pasado en la vida y voy a luchar porque estés siempre feliz, con una sonrisa de las tuyas en la cara y porque pienses lo mismo de mí. Te quiero mi niña".
Un beso y un abrazo para mi niña, de tu hermano que te quiere :3
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