Han pasado muchos días desde la última vez que escribí y desde entonces han pasado muchas cosas.
Mi vida ha dado un giro brusco, ha cambiado. Cuando creí que las aguas de mi vida se habían calmado, una tormenta llegó para ponerlas nerviosas de nuevo. Fue en ese mismo momento cuando me acordé de un poema que terminaba con un "Yo soy el dueño de mi destino. Soy el capitán de mi alma" y entonces cogí el timón y con valentía navegué hasta aguas más tranquilas.
Pero esa valentía no vino sola. Vino acompañada. Acompañada de voces sabias que me aconsejaban. Había voces que conocía de antes y voces nuevas que conocí por primera vez. Todavía no sé si todas esas voces eran de personas como yo o pertenecían a ángeles que Dios mandó a este mundo para estar en contacto con nosotros y que esconden sus alas bajos sus ropas cotidianas para así pasar despercibidos.
A mí me gusta pensar que son esos ángeles que digo porque la verdad es que no encuentro una explicación que me diga de dónde sacan esan bondad, esa generosidad, esa solidaridad... ese gran sentimiento de amistad.
El caso es que tengo muchísima suerte de que esos ángeles me acompañen. Esos ángeles tienen nombre por supuesto. Pero no hace falta que los nombre porque ellos ya saben quienes son. Esto es para ellos. Para ese corazón con el que Dios los bendijo.
No sé cuánto tiempo de vida me queda, años, meses, días, horas, no lo sé. Lo que sí sé es que ellos me acompañarán siempre y eso a parte de feliz, me hace invencible. Por si algún día me pasara algo quiero decirles que me gustaría que se cuidaran entre ellos, que nunca cambien y me recuerden. Pero sobre todo que nadie les quite nunca de sus bocas, sus sonrisas.
"Soy el dueño de mi destino. Soy el capitán de mi alma"
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